La historia de muchos....
Facundo tenía 15 años, unos lindísimos ojos azules y una mirada  triste. Tenía una linda casa, iba a un buen colegio, pero algo no andaba bien. 

Lo conocí en un trabajo temporario de docente al volver de una beca en Alemania a mi
querida Argentina, en un impasse de mi trabajo en investigación. Se sentaba solo,
callado y al fondo. Quería pasar desapercibido, encerrado en su mundo que parecía no hacerlo feliz. Cuando llegaron las reuniones de padres pude comenzar a entender que le pasaba. Vino su mamá en mal estado, le costaba sostenerse en pie. Los ojos vidriosos de Facu, su estar sin estar, fueron algunos de los indicios que me llevaron a pensar, que el intentaba resolver su situación alejandose de la realidad con el consumo. 

A partir de ese momento, no pude evitar involucrarme. Me acerqué en el primer recreo después de ese día para  decirle "Acá estoy, sabé que estoy para escucharte. Creeme, te entiendo".   ​​

Intenté ayudarlo, creí que lo hacía desde mi papel docente pero terminé abordandolo casi como una madre. Traté de escucharlo y protegerlo, no sabía como acompañarlo a salir de eso para ser feliz. Unos años más tarde, sin entender como, me encontraba ocupandome del tema de adicciones con los alumnos de los últimos años de secundario, pero esta vez, convencida de que el trabajo uno a uno no era suficiente, me dediqué de lleno a buscar el camino de la prevención. 
Lo que me había llevado en esta dirección era mi historia...
¿Fue solo eso lo que me llevó a dedicar todas mis energías a trabajar en la prevención del consumo de alcohol? Un día comprendí que era mi historia personal… aunque nos digan que cada uno escribe la propia, hay momentos en que uno siente que  algo más maneja nuestra pluma. Así me sentía de chica al ver cómo sufría por culpa del alcohol alguien a quien quería mucho, la persona más generosa y sensible que he conocido. 
Viví de muy cerca cómo el alcohol puede lastimar no solo el cuerpo sino también el alma, e impedir que se sea dueño de su propio destino. Sentía un dolor inmenso y me desesperaba la impotencia de no poder ayudar. Afortunadamente, este ser querido pudo recuperarse y creo que es la admiración por su fuerza de voluntad y la necesidad de evitar que otros vivan una pesadilla similar lo que marcó mi camino. 
Empecé a involucrarme cada vez más. Me tomó un tiempo descubrir cómo y por qué había llegado hasta acá. Era mi historia, era Facu, era yo ...

Empecé con la ciencia, luego con la genética y la investigación, después le sumé la docencia y sin darme cuenta estaba dedicando la mayor parte de mi tiempo a la prevención.Era imprescindible conocer que pensaban, sentían y necesitaban nuestros adolescentes para poder actuar.  Casi la mitad de mis encuestados de 14 y 15 años decían que esperaban que sus padres cambiaran la realidad que les tocaba vivir con respecto a este tema. Los chicos hablaban y yo necesitaba que los padres los escucharan.
  

¿Qué esperas que hagan 
tus padres con esta realidad?

Padres desesperados por respuestas -  El congreso del cambio
​​A los tres años de haber empezado a abordar la prevención en el colegio, un miembro del Comité Organizador de un Congreso de Educación que conocía mi trabajo me invitó a participar allí en un taller. Como ya había hecho el relevamiento de un buen número de adolescentes, tenía mucho para compartir. El taller era optativo y había varios otros en simultáneo. Para mi sorpresa la ala estaba abarrotada de gente. Llegué con mi hija de 14 años, que en ese momento me acompañó para darme una mano; habíamos hecho 30 copias para los docentes, queríamos que ellos respondieran la misma encuesta que los ​​adolescentes. Tuvimos que correr a suplir las copias que faltaban. 
No se trataba de docentes queriendo mejorar su práctica, sino de padres preocupados que buscaban respuestas. 
Impulsada por mi formación científica, lo primero que hice fue estudiar casi obsesivamente cómo se manejaba la temática en otros países, cuáles habían sido sus resultados, en qué habían fallado y qué acciones habían funcionado. Descubrí que no había un camino marcado pero lo que salió a la luz en todos los casos fue la necesidad de conocer las características del grupo de adolescentes con quien trabajaría. Así fue como diseñé una encuesta que incluía, amalgamaba y reestructuraba tests y pruebas ya utilizados, entre otros organismos, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Alcohólicos Anónimos. ​​
Con el tiempo, esta encuesta se fue modificando. ​​Se necesitaban  conocer también las debilidades y fortalezas del grupo, sus intereses y su relación con los vínculos más cercanos. Los participantes contestaban la encuesta en forma anónima y luego en grupo interpelaban sus propias concepciones, posturas y prácticas. No hizo falta demasiado análisis para descubrir que estos chicos nos pedían ayuda a gritos. ¿Sería sólo yo la que los oía gritar?
Facundos hay muchos. La escucha y el trabajo uno a uno es necesario y fundamental.

Ese fue el principio del Programa Socios en el Cambio, que siguió creciendo con los años, nutriéndose con padres, adolescentes, directivos y tutores, que se involucraban y decidían tomar un rol activo en la prevención. Todos como SOCIOS convencidos de que el CAMBIO de paradigma es posible.
Socios en
el Cambio​
Coordinadora del Programa: Lic. Lucía Sáenz Briones
[email protected]
11 6922 4781